FELICIDAD DESCOMPLICADA - 02.
De los caminos de la felicidad.
“Cuando un tonto toma una vereda, ni la vereda deja al tonto ni
el tonto a la vereda.”
“Cuando un tonto agarra una linde, la linde se
acaba y el tonto sigue.”
“Cuando un tonto toma un camino, el camino se
acaba y el tonto sigue.”
En los capítulos anteriores hablé de los caminos para alcanzar la felicidad: el camino de la aceptación y el camino del éxito.
A veces, la felicidad es entendida como el final de un camino, como un destino, un lugar donde se llega al terminar un recorrido.
Mi teoría de la felicidad no va por ahí.
Si la felicidad es un destino, un lugar a alcanzar, entonces el recorrido es la infelicidad, un lugar donde la felicidad no existe todavía. Hay que llegar al final para alcanzar la felicidad.
Más claro aún: el camino sería la infelicidad.
Si elegimos el “camino correcto” (entre comillas), se llegaría a ser feliz la final. Si se elige el mal camino, seremos infelices finalmente y encima habremos sufrido mucho y perdido nuestro tiempo y oportunidad.
Para mi teoría el camino es ya la felicidad. En el camino se puede disfrutar. El modo de andar va a ser lo que determine si se disfruta o no. El destino es sólo una decisión personal.
Se parece un poco a un viaje de turismo o de trabajo. Se puede visitar Roma, Moscú, La Habana o Pekín. Cada lugar ofrece experiencias diferentes, algunas de ellas únicas.
La felicidad está en el viaje, en cómo lo hacemos: disfrutamos del paisaje, o vamos a esa ciudad a realizar algún proyecto, que nos puede reportar algo que deseamos, que queremos conseguir.
Si vamos a Roma simplemente a mirar sus monumentos, a aceptar Roma tal y cómo es, no es lo mismo que si vamos allí a jugar la final del campeonato de Europa de clubs, o si queremos construir un edificio, y vender los pisos a los habitantes de allí, que les tienen que gustar. Es decir, que tengamos éxito en un proyecto en Roma.
Los caminos de la felicidad, en realidad, son metáforas. No son estrechos ni mucho menos, excluyentes. Se puede viajar a Roma buscando el éxito de un proyecto, y también, al mismo tiempo, disfrutar de sus paisajes.
Solo si soy prisionero de uno de los caminos, me convierte en un esclavo. Solo si soy ciego a otras formas de caminar, limito mi suerte.
Un consejo: no dejarse atrapar por nuestro propio camino.
Otra forma de decirlo: “cuando un tonto toma un camino, el camino se acaba y el tonto sigue”.
Es útil conocer cómo funciona esto de los caminos de la felicidad. Cuando alguien sigue el camino del éxito para alcanzar la felicidad, es muy práctico saber que, inexorablemente, va a fracasar muchas veces, muchas veces más que éxitos tendrá.
Entonces parece muy provechoso conocer el camino de la aceptación. Permite aceptar rápidamente la derrota, y posiblemente, volver a intentarlo.
Todo eso se puede hacer con técnicas que iremos estudiando.
No creo que exista un camino sin el otro. Se complementan muy bien. La biología, la evolución, ha premiado a ambos mecanismos. Son muy válidos para la supervivencia.
Finalmente quiero recordar que no hay dos personas que hayan trazado la misma senda.
La vereda se construye al ser pisada. A cada paso.
¿Sientes que estás transitando tu propio camino?


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